diumenge, 10 de maig de 2009

Caminaba despacio. Otra vez. Dicen que a la tercera va la vencida, así que suponía que nunca más lo volverían a dejar porque nunca más volverían a estar juntos. El suelo estaba húmedo de la lluvia de la noche anterior, pero los bancos ya se habían secado. Se sentó en el que estaba más cerca y sacó su paquete de tabaco. El último cigarro. Siempre le decía: 'si no dejas de fumar, te acabaré dejando yo'. ¿De qué servía? Él no había dejado de fumar, pero ella le había dejado por otro. Ojalá se pudriera en el infierno. Ojalá se quedase toda la vida arrastrándose a sus pies. Ojalá... pero él sabía que no. Él sabía que en estos momentos ella estaría follando con otro hombre, y ni siquiera se acordaría de lo mucho que le gustaba como le mordía la peca que tenía al lado del pezón derecho. Y en el fondo le daba igual. Nunca había estado enamorado de ella, pero siempre había algo que le hacía volver a sus brazos. 'Esta vez no habrá más segundas partes', y pensando éso se encendió el cigarro. El último. Con el próximo paquete vendrían cosas nuevas. Más golpes de suerte. Y quien dice más, dice los primeros golpes de suerte de su vida.

1 comentari:

  1. El tabaco siempre es un hilo conductor genial, pero tú lo utilizas especialmente bien. Esperemos que el próximo paquete traiga la suerte entre filtros.

    ResponElimina