divendres, 8 de maig de 2009

Sí...lo sé.

Si empiezas así no llegaremos a nada. Ya lo sabes, lo sabes de sobras. Cada vez que intentamos hablar de lo que pasó, acabamos todavía peor. Sí, sí, ya lo sé. La culpa no fue tuya, pero es que mía tampoco. Ya... tú tampoco me supiste valorar. Bueno, al menos no me lo demostraste. Sí, bueno, ¿qué más te da si te echo de menos o no? No, no quiero saberlo. No te entiendo, ahora qué quieres? No entiendo como se puede ser así... ¿te has acordado de mí y has decidido enterarte de cómo estoy? Pues bien, gracias. No... me sigues conociendo. No estoy bien. Sí... mucho.
(silencio)
¿Es que va a cambiar algo? Ahora eres tú el que no habla... Sí, ya, si te entiendo. Sí... pero entiendeme tú a mí. Es que cada vez que casi te he sacado de mi cabeza, vuelves a aparecer. ¿Que qué era lo que me faltaba por sacar esta vez? Tu olor.
(silencio más largo)
Mira, creo que seguir hablando ya no tiene sentido. ¡Claro que no! Sí...hasta la próxima. No creo, si no vienes tú no creo que haya ningún beso. Sigues siendo igual de gilipollas que siempre, no sé como no me di cuenta el primer día. (Sí que me di cuenta, eso es lo peor).
Perfecto, adiós. Sí, sí, que te vaya bien.
(pipipipipipipi)



Nos conocimos por una casualidad y nos desconocimos por otra. Es posible que algún día volvamos a coincidir y una nueva casualidad nos vuelva a conocer.

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