dissabte, 9 de maig de 2009

Pero bueno...



Lo tengo más que comprobado que cuando estás mal por dentro, estás mal por fuera. Ya te puedes arreglar, o lo que es en hecho, intentarlo, o te puedes poner la mejor ropa que tengas, la que mejor te sienta, que por mucho que hagas cualquier esfuerzo, seguirás estando mal. Por eso envidio a la gente guapa. No porque todo el mundo la mire más, ni porque la gente lo primero que relacione con esa persona sea la belleza, sino porque se encuentren como se encuentren, siempre parecerá que están bien.

La manera cansada de mirar, la forma de caminar. Lo de todo me da igual, el pelo menos peinado de lo habitual, las uñas dejadas. Las pocas ganas de hacer nada y lo mucho por hacer. El no querer hablar demasiado, y ni siquiera sentirse lo suficientemente a gusto como para escribir. Lo de sonreír sin mucha fuerza y la desaparición de las carcajadas. Esa sensación de querer hacer algo y no saber el qué. De sentir que falta algo, o alguien, y no encontrar el qué o el quién. Lo de hacerse millones de preguntas y no adivinar ni una sola respuesta. Lo de dejar caer los brazos al dormir, y desear que ojalá al despertarte no estés donde estés, o sí que lo estés pero en otro tiempo. Y que no tengas nada más en la cabeza a parte de lo que tú sólo quieres tener. Y abrir un libro y para perderte un rato y no conseguirlo. Y preguntarte si esto sólo es una mala época o es que tu vida entera va a ser así. Y llegar a la conclusión que si es una mala época quizás lo único que puedes hacer es dejar que pase e intentar que no te cale muy hondo. Y si la cuestión es que así es tu vida, tan sólo te queda mirar las cosas de otra manera y tirar para delante, dejando que los momentos más felices sean los que se te queden dentro, y los demás momentos, aunque sean la mayoría, dejarlos en un rincón para tenerlos presentes sin que te hagan demasiado daño. Siento no ser capaz de ser la persona que te hace más feliz en este mundo.


1 comentari:

  1. Cuando estás bien, no importa que vayas sin peinar, con ese pijama que tienes desde hace mil años y los ojos hinchados por la alergia. Alguien te mira y te dice: "Qué guapa estás". Porque estás bien. Pero si no es así, me atrevería a decir que se nota bastante más. Y no importa cuánto maquillaje emplees para cubrir la soledad.
    Y si la cuestión es que así es tu vida, pues carretera y manta, que siempre hay un sitio al que llegar.

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